Fuera mercenarios de Colombia.

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jueves, 10 de febrero de 2011

2002 Mar 18 / Mercenario condenado

Autor                           : Redactores Semana.
Medio                           : Revista SEMANA, Colombia.
Fuente                          : Tribunal Superior de Manizales, Colombia.
                                      Yair Gal Klein (Entrevista)
Enlace                          :
Título                          :  Mercenario condenado
Fecha de publicación            : Lunes 18 Marzo 2002
Materia                         : Colombia, Derechos Humanos
Colección / Serie               : J U S T I C I A
Zona geográfica                 : Colombia, Israel, Sierra Leona, Zambia y Namibia.
Fecha de los hechos             : 1980`s
Entidades y personas mencionadas:Izhack Shoshany Meraiot, Carlos Arturo Casadiego, "Bita", 

Mercenario condenado


El Tribunal Superior de Manizales condenó a 10 años de cárcel a Yair Klein, el israelí que entrenó a los paramilitares en los 80. SEMANA habló con él.

A los 55 años el coronel retirado Yair Gal Klein, veterano de la guerra de Yom Kippur y ex instructor de oficiales del ejército israelí, tuvo que retirarse de la vida aventurera que le dio fama más allá de las fronteras de Israel y no puede volver a salir de su país. 


Si este militar de 1,75 metros de altura, 90 kilos de peso, pelo canoso y ojos azules, pone un pie en el extranjero corre el riesgo de ser extraditado a Colombia. 


Aquí lo espera la cárcel porque hace unos meses el Tribunal Superior de Manizales lo condenó a 10 años y ocho meses de cárcel, más el pago de 22 salarios mínimos, por el fortalecimiento y adiestramiento en prácticas militares y de terrorismo a grupos paramilitares. 


Junto con Klein fueron condenados dos de sus hombres: Tzedaka Abraham y Terry Melnik, quienes actuaron también como instructores. Klein saltó a la fama en junio de 1989 cuando un noticiero de televisión mostró imágenes de los cursos que había dictado, junto con sus compañeros, a las autodefensas que operaban en el Magdalena Medio.

Sin embargo el militar israelí le respondió a SEMANA desde su residencia en el puerto de Jaffa, donde hoy día vive en una vieja casa árabe de cuatro pisos, que su propósito inicial no era ese. El sostiene que cuando llegó al país en 1987 su intención era lograr que la Policía contratara a su empresa, Speardhead, para entrenar a sus miembros en asuntos de defensa y seguridad personales. 


Su contacto en ese primer viaje fue Izhack Shoshany Meraiot, el representante de una firma de equipos de seguridad de Israel. En esa oportunidad Klein dice que se alojó en el Hotel Country 85 y se entrevistó con el general de la policía Carlos Arturo Casadiego y con unos representantes de la compañía Atlas Seguridad. En sus dos primeras visitas permaneció sólo una semana en Colombia. Las otras dos, dice, “fueron más largas porque fue cuando me contrataron para dictar los cursos en Puerto Boyacá”.

El entrenamiento que dictó el equipo de Speardhead, que además de los personajes ya mencionados incluía también a Arik Piccioto Afek, fue demasiado ‘profesional’. En el sumario de la investigación para condenar a los israelíes consta que los cursos se llevaron a cabo en la escuela La Cincuenta, en la ciénaga Palagua y en zonas rurales del municipio de Puerto Boyacá. 


Klein dice hoy desde la comodidad de su hogar que “los entrenamientos eran militares y de defensa y de ninguna manera de crímenes o asesinatos (…) Entrené a campesinos y gente de las fincas a quienes atropellaban continuamente las guerrillas sin que el Ejército pudiera hacer algo por sus derechos”.

La versión de las autoridades colombianas, según consta en el sumario del proceso, es muy diferente. El primer curso que dictó este israelí, de ascendencia rumana, sí fue de defensa personal. El segundo fue mucho más ofensivo y el tercero convirtió a los 20 ‘alumnos’ que lo tomaron en expertos en el manejo de explosivos


Los alumnos más aventajados eran lugartenientes de los grandes capos y en el expediente son mencionados por sus alias: ‘Trampas’, ‘Salchichón’ y ‘Fercho’. En los documentos de la investigación se concluye que “existe certeza en cuanto a que ese personal que ellos capacitaron han cometido atentados graves en nuestro país gracias a los conocimientos recibidos por sus instructores, como el atentado al Departamento de Seguridad, DAS, el atentado que le costó la vida a Antonio Roldán Betancur, gobernador de Antioquia, al periodista Jorge Enrique Pulido, al diario El Espectador y muchos otros graves acontecimientos de tinte terrorista en el país”.

Después de entrenar a algunos de los hombres que luego sembraron el terror a diestra y siniestra en Colombia, Klein trabajó con panameños que querían tumbar al general Augusto Noriega y al final su errancia aventurera lo condujo a Africa. 


Allí quería comprar una mina de diamantes y hacerse rico. Algunas fuentes periodísticas dijeron en 1999 que el militar había intentado negociar con piedras y maderas preciosas en Zambia y Namibia. Se volvieron a tener noticias suyas en Sierra Leona, donde finalmente cayó preso a mediados de 2000. Las autoridades lo encerraron en Freetown, la capital de este país, acusado de tratar de estafar al gobierno en la compra de un helicóptero de guerra a los rusos. El dice que salió vivo de milagro, pero perdió todo, incluida su mina de diamantes.

Hoy este hombre, que nació en el kibutz Nizanim y se separó de su mujer Hava, es socio de una compañía de blindaje de carros y sueña con crear una escuela de supervivencia en condiciones extremas. “Una especie de parque recreativo”, dice este soldado de fortuna que pese a todo su pasado se define como un hombre de familia, preocupado por sus cuatro hijos, quienes tienen entre 21 y 35 años. La escalada de la guerra que enfrenta a Israel con Palestina hizo que aumentaran las ganancias de su empresa, pero ya no tiene manera de disfrutarlas afuera de su nación. El pasado que intentó dejar atrás lo alcanzó en el puerto de Jaffa y lo convirtió en prisionero de su propia tierra.

“Yo no sentí que hacía nada contra la ley”

SEMANA: ¿Cuál fue el motivo para volver a Colombia a finales de 1988 o principios de 1989?

YAIR KLEIN: Estuve en Bogotá con el fin de encontrarme con Izhack Shoshany Meraiot, quien era representante de una firma de equipos de seguridad de Israel y desde hacía tiempo vivía en el país. Me había hablado de unas personas de los grupos bananeros de Urabá que se encontraban asediados por las guerrillas y querían hacer una cadena de seguridad en los establecimientos bananeros y por su intermedio fundar un complejo de seguridad en la zona. 


Esta reunión finalmente no se llevó a cabo. Meraiot organizó otro encuentro, entiendo que sugerido por ellos, en Puerto Boyacá, con unos ganaderos de Acdegam que también estaban sufriendo por los mismos motivos. Y fue así como llegué a esta región a preparar grupos de autodefensa. Ganaderos y campesinos que no aguantaban más la guerrilla. 

SEMANA: ¿Tenía permiso de su país para compartir información militar a civiles en otros países?

Y.K.: Mi equipo solicitó autorización del Ministerio de Defensa israelí y les informaron que no había necesidad alguna de autorización dado que los entrenados serían civiles en defensa de sus propiedades y lugar de trabajo y no fuerzas militares. Sin embargo, luego el gobierno de Israel tuvo miedo por la posibilidad de represalias de la guerrilla contra familias judías en Colombia. 

SEMANA: ¿Era consciente de que estaba entrenando a grupos paramilitares ilegales?

Y.K.: Ni yo ni mis compañeros podemos afirmar a ciencia cierta que a quienes entrenamos no pertenecían a grupos paramilitares. Sólo sabemos que había muchas víctimas de las guerrillas. 

SEMANA: ¿Conoció a miembros del cartel de Medellín, personajes como Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha o alias ‘Vladimir’, mientras realizó los cursos?

Y.K.: No conocí a ninguno de ellos. La única persona con la que tuve relaciones y estaba conectada con el tráfico de drogas tenía apellido Bita. De Israel me informaron que estaba por ese camino y entonces corté todo vínculo con él. Tampoco soy consciente de haber conocido a ‘Vladimir’. El Ejército y la Policía estaban informados de lo que estábamos realizando y el lugar estaba rodeado por bases militares. 


Durante los fines de semana los alumnos jugaban fútbol con los soldados. Desde una de esas bases llegó una vez una solicitud de ayuda de uno de los cursos a fin de contener un ataque de la guerrilla. Yo no sentí que hacía nada contra la ley, como usted entenderá yo soy extranjero y además no hablo la lengua, es así como no podía saber en profundidad cómo funcionaban las cosas en ese país.

SEMANA: Lo acusan de haber entrenado a las personas que provocaron la explosión de un avión de Avianca en Ca
li…

Y.K.: Supe que me hacían responsable de esto pero es una locura. Se dice que los partisanos de Bosnia ayudaron e inclusive participaron en el atentado. A Israel llegaron investigadores españoles para hablar conmigo. También me acusaron de la muerte de un señor (Luis Carlos) Galán, candidato a la presidencia de ese país. La primera comisión investigadora dijo que Galán fue asesinado con balas calibre 9 mm, y la segunda comisión descubrió después de dos meses que las balas salieron de un fusil Galil y eran de calibre 5.56 mm. El arma en cuestión estaba en Antigua preparada para prestar servicio en la invasión a Panamá. Aparentemente el arma llegó a Colombia a manos de traficantes de armas panameños.

SEMANA: ¿Entonces a qué atribuye usted la reacción que suscitó su presencia en Colombia?

Y.K.: El asunto estalló y se dio a la publicidad por los norteamericanos. Por aquella misma época me contrataron para apoyar al gobierno en el exilio en Panamá a fin de hacer caer el régimen de Noriega. Eduardo Herrera que era el comandante en jefe de Panamá antes de la revolución, fue también embajador de Panamá en Israel y ministro de seguridad del gobierno en exilio con el presidente destituido. Estados Unidos se hizo cargo de la parte económica, prueba de ello son los dos primeros cheques que obran en mi poder y que llegaron de Washington. Lo cierto es que en el momento en que el Senado le dio el O.K. a los soldados para la invasión a Panamá ya no necesitaron de mis servicios. Yo no renuncié a mis honorarios y estaba en Miami cuando estalló el caso de Colombia. A los estadounidenses les resultó muy cómodo perjudicar los intereses israelíes en Colombia dado que los colombianos empezaron a comprar armas israelíes, alrededor de 250 millones de dólares anuales. 

SEMANA: ¿Cómo está su situación jurídica en Israel?

Y.K.: Yo nunca tuve un proceso en Israel por esta razón, porque nunca llegó una prueba que en realidad pudiera probar que yo entrené al cartel de Medellín. Sin embargo fui convicto por usar conocimiento militar sin permiso y tuve una multa. 


Israel enjuicia a las personas que no cumplen con la ley en otros países del mundo. No destierra a sus ciudadanos que están fuera de la ley pero los juzga internamente. Yo estoy dispuesto a ser juzgado en Israel y estoy dispuesto a declarar ante las autoridades colombianas en la sede de la embajada de Colombia. No tengo nada que ocultar. No creo que haya en Colombia ninguna prueba que me pueda inculpar ni allí ni en ninguna otra nación del mundo.

lunes, 6 de septiembre de 2010

2010 Ago 21 / Rusia insiste en deportar a Yair Klein




Autor                           : Daniella Sánchez Russo
Medio                           :  http://www.elespectador.com
Fuente                          : 
Enlace                           :

Título                            :   Rusia insiste en deportar a Yair Klein
Fecha de publicación      :  21 de agosto de 2010
Materia                         : Colombia, Derechos Humanos
Colección / Serie           : Judicial

Zona geográfica            : Colombia: Urabá, Santander, Boyacá / Rusia, Israel, 
Fecha de los hechos       : década de los 80,
Entidades y personas mencionadas: Tribunal de Estrasburgo

Las gambetas de un israelí a la justicia colombiana
Rusia insiste en deportar a Yair Klein

El Espectador revela la petición del gobierno ruso al Tribunal de Estrasburgo para que permita el envío del mercenario al país.

El mercenario y coronel en retiro israelí Yair Klein, condenado por entrenar a grupos paramilitares en el Magdalena Medio.

Las autoridades del gobierno de Rusia están empeñadas en deportar a como dé lugar a Colombia al siniestro mercenario israelí Yair Gal Klein, el coronel retirado que a finales de la década de los 80, con el combustible del dinero sucio de la cocaína y sus mafias, adiestró en tácticas de guerra y explosivos a los nacientes ejércitos privados en el Magdalena Medio que constituyeron la piedra angular de los grupos de autodefensa. El 22 de junio de 2001, el Tribunal Superior de Manizales lo condenó a 128 meses de cárcel por el entrenamiento de hordas de sicarios que llenaron de crímenes el país y que, aupados por el narcotráfico, exterminaron la Unión Patriótica y multiplicaron los carros bomba y atentados contra el Estado.

En virtud de esa sentencia, una vez fue detenido el 27 de agosto de 2007 en el aeropuerto Domedédovo en Moscú, cuando pretendía abordar un avión a Tel Aviv, el gobierno buscó las vías diplomáticas para que Klein cumpliera su deuda con la justicia colombiana en una prisión de alta seguridad. Aunque las autoridades de la Federación Rusa avalaron la petición de Colombia, el oficial retirado se ha valido de toda suerte de explicaciones absurdas para evitar ser deportado al país. El 1° de abril pasado, la Corte Europea para los Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, Francia, determinó que Rusia no podía deportar a Klein porque su vida correría riesgo. Un fallo que provocó desconcierto nacional. La saga criminal del israelí no tendría un capítulo de reparación en Colombia.

El gobierno de Dmitri Medvédev, sin embargo, acaba de apelar la polémica sentencia del Tribunal de Estrasburgo. El Espectador conoció el documento en el que el representante de Rusia Georgy Matyushkin sostiene que no hay evidencias de que, en caso de que Yair Klein fuera deportado a Colombia, su vida esté en peligro y pueda ser objeto de torturas o tratos inhumanos, los mismos que instruyó en sus escuelas de matones que extendió por el Magdalena Medio hace apenas dos décadas. 

Como también lo consideraron dos de los siete jueces de la Corte de Derechos Humanos de Europa, Colombia integra y acata pactos internacionales sobre derechos humanos y, además, “el acusado ha fracasado en demostrar el riesgo individualizado de maltrato que correría si fuese extraditado”.

El coronel retirado del ejército israelí, nacido en 1942 en Kibutz Nizanim, paracaidista experto, padre de cuatro hijos, condecorado en la guerra que libró Israel contra Siria y Egipto en 1973 y que extendió en otras como la del Líbano; el hombre que a finales de los 70 comenzó a trabar alianzas en Latinoamérica y en los 80 utilizó fachadas de empresas de seguridad para comercializar armas, cuyas huellas pudieron rastrear los investigadores en países como Panamá, Nicaragua, Honduras, Sudáfrica, Liberia o Sierra Leona; el mercenario que se instaló en el corazón del Magdalena Medio, Puerto Boyacá, patrocinado por los capos Pablo Escobar, el clan de los Ochoa Vásquez, Gonzalo Rodríguez Gacha, Ariel Otero y Henry Pérez; en fin, el veterano que orientó la guerra sucia que llenó de pánico a Colombia, alega hoy que teme que aquí se le violen sus derechos humanos.

El memorial presentado por el gobierno ruso no deja lugar a dudas. Sostiene que muy a pesar de que la situación general de derechos humanos en Colombia está lejos de ser perfecta, nada indica que Klein pueda ser asesinado, como él dice, “por militares bajo el pretexto de una confrontación con paramilitares”. La apelación advierte que el Estado colombiano ha dado garantías sobre el lugar de detención que le espera al coronel (r), que éste no respaldó con ningún documento confiable sus temores y miedos ni brindó a las cortes de la Federación Rusa pruebas de que “la situación personal del acusado sería peor que la de cualquier otro colombiano si fuese deportado”.

Con estos argumentos las autoridades rusas buscan destrabar el envío de Klein a Colombia, que sus secretos vean la luz en los centenares de expedientes que por paramilitarismo se adelantan en el país y que los cómplices del mercenario queden en evidencia. La petición está siendo evaluada por el Tribunal de Estrasburgo, que también tiene en su poder varias comunicaciones de la Cancillería colombiana en las que se refrenda que Klein sería confinado en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, Boyacá, “que goza de las más altas calificaciones y estándares en materia de protección de derechos humanos, tal como lo certificó Naciones Unidas”. En una nota diplomática firmada por el ex canciller Jaime Bermúdez, dirigida a Cristos Rosakis, presidente del Tribunal de Estrasburgo, se lee que no hay antecedentes que afirmen que Klein “ha sido torturado en el pasado por agentes colombianos”.

A renglón seguido refiere que el proceso penal en contra de Yair Klein, que se inició en septiembre de 1989, tuvo en cuenta los estándares internacionales en materia de derechos humanos y que se documentó que estos grupos de autodefensa que tuvieron formación del coronel (r) israelí fueron financiados “por caciques del narcotráfico como Gonzalo Rodríguez, Pablo Escobar o Víctor Carranza”, este último el denominado ‘zar de las esmeraldas’. Su referencia llama la atención porque aunque ha sido salpicado en varios expedientes y ha estado detenido en dos ocasiones, Carranza ha capoteado una y otra vez la mano de la justicia y hoy es un hombre libre.

Como si ya no fuera tanto, la comunicación del entonces canciller advierte que por cuenta de las técnicas terroristas enseñadas por Klein a los sicarios de las mafias, “sus alumnos”, como Gerardo Zuluaga, alias Ponzoña; Alonso de Jesús Vaquero, alias Vladimir; Rigoberto Rojas Mendoza, alias El Escorpión, y otros como Chilingo, Pequeño, Cochise o Gerónimo, perpetraron masacres a diestra y siniestra, asesinaron a candidatos presidenciales como Luis Carlos Galán, accionaron explosivos a control remoto y volaron aviones y, a destiempos, segaron las vidas de todo lo que les oliera a Unión Patriótica, “muertos que servían para escarmentar a aquellos que no hicieran caso, que se mataban y se descuartizaban”, como refirió El Escorpión en versión ante la Fiscalía.

A finales de septiembre de 1989 Yair Gal Klein fue llamado a rendir cuentas por la justicia y desde entonces se le procesó como reo ausente. En junio de ese año, el Noticiero Nacional reveló un video en el que se le veía adiestrando a paramilitares; su nombre empezó a rondar los titulares y pronto desapareció del mapa. No obstante, el daño ya estaba hecho. Los hombres que entrenó para las mafias del narcotráfico desangraban a Colombia ese año. Ya habían asesinado al dirigente de la UP José Antequera; al gobernador de Boyacá, Álvaro González, y su colega de Antioquia, Antonio Roldán Betancur; al magistrado Carlos Valencia García, al coronel de la Policía, Valdemar Franklin Quintero, y al candidato presidencial, Luis Carlos Galán; le pusieron un bombazo a El Espectador y después harían estallar un avión de Avianca con 106 pasajeros y dinamitarían el DAS.

Todos crímenes que con el correr de los años terminaron atribuyéndosele al siniestro triunvirato conformado por Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar Gaviria y Fidel Castaño Gil, alias Rambo, el primero de la saga Castaño —lo sucederían Vicente y Carlos cuando Fidel murió en 1994— que se enroló en esa guerra fratricida y que asistió a cursos con Yair Klein. Precisamente el mercenario israelí aprovechó que a mediados de los 80 hizo aparición en Puerto Boyacá la Acdegam, Asociación Campesina de Agricultores y Ganadores del Magdalena Medio, ni más ni menos que la plataforma del paramilitarismo, que fue fundada por Gonzalo Pérez y cuyas riendas tomó su hijo Henry más pronto que tarde.

El cartel de Medellín de Pablo Escobar y su socio de andanzas Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, extendió su poder criminal al Magdalena Medio, por la región rodaban ríos de dinero sucio, con fusiles se armaron los secuaces de Henry Pérez, Ariel Otero y las mafias y comenzaron las masacres, como la de los 19 comerciantes, en octubre de 1987, y la de La Rochela, en enero de 1989. Incursiones por las que el Estado colombiano ya fue condenado y en donde se probó que fueron los discípulos de Yair Klein, entrenados en las escuelas de la muerte El Tecal, 01, La Cincuenta, La Cero Ochenta, la famosa Isla de la Fantasía o el sitio conocido como Galaxias en Pacho, Cundinamarca, los que perpetraron las masacres.

Puerto Boyacá se erigió como la capital antisubversiva de Colombia y las alianzas entre el narcoparamilitarismo y algunos miembros corruptos de las fuerzas militares comenzaron a hacer estragos. Fue otro israelí, Itzhack Shoshany Meraiot, un teniente coronel de la reserva, también condenado en el mismo proceso de Yair Klein, el que primero se ocupó de Colombia y el que hizo los primeros contactos con las mafias bajo la fachada de Acdegam. Dicha organización contrató los servicios de los mercenarios Klein, Shoshany, Tzedaka Abraham, Terry Melnik y otros más de origen británico para desarrollar su guerra. A la sombra, el congresista Pablo Emilio Guarín, la reivindicaba, hasta que lo mataron en 1987. Uno de los cursos dictados por los mercenarios fue bautizado con su nombre.

Carlos Castaño reveló en su libro Mi confesión que en la finca La Cincuenta asistió a varios cursos con Klein que eran patrocinados por El Mexicano. “Mi sobrenombre para la época era El Pelao”. Desde Acdegam se instauró un régimen de terror en el Magdalena Medio, El Espectador no podía circular y Henry Pérez y sus hombres hacían y deshacían. En la trasescena se movía Iván Roberto Duque, quien con los años y ya bajo el mando de Carlos Castaño en las autodefensas, tomó el alias de Ernesto Báez. Son tantos los crímenes que se extendieron por cuenta de la instrucción en técnicas de terrorismo de Yair Klein y otros mercenarios, como el cinismo del coronel (r), quien lleva 20 años evadiendo su responsabilidad en el baño de sangre colombiano.

En entrevista exclusiva con El Espectador en octubre de 1989, cuando ya tenía orden de captura por la justicia colombiana, desde Tel Aviv, Yair Klein relató que un viceministro de la época, “de muy lindo nombre”, le dijo “con lágrimas en los ojos que nosotros éramos la última esperanza de Colombia”. Se refería a que el país estaba secuestrada por la guerrilla. Sin decirlo lo dice: un alto funcionario del Estado respaldó sus prácticas. Enseguida añadió Klein que no es cierto que dictara cursos a ilegales, “pero, si los necesitas, con gusto los dictaría”; que instruyó a 75 personas para “autodefenderse” por iniciativa de Acdegam y que sus cursos apenas le dejaron US$60 mil de ganancia.

Las autoridades documentaron que fueron muchos más sus discípulos, que los recursos que consiguió por sus vueltas en el Magdalena Medio fueron muchísimo mayores y que, no obstante, sus crímenes y condena siguen impunes. El colmo de su cinismo se vio reflejado cuando El Espectador le preguntó en la mencionada entrevista lo siguiente:
—¿Está arrepentido por lo hecho en Colombia y por lo que sus alumnos han consumado: muerte y destrucción?
—¿Qué culpa tiene un ministro de educación si sus alumnos fuman droga en las escuelas?