Fuera mercenarios de Colombia.

Mostrando entradas con la etiqueta Rito Alejo del Río Rojas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rito Alejo del Río Rojas. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de marzo de 2018

La extraña y perversa lógica uribista / Joaquín Robles, escribe en: Revista Semana


http://www.semana.com/opinion/articulo/joaquin-robles-columna-la-extrana-y-perversa-logica-uribista/557849#



JOAQUÍN ROBLES | 2018/02/21 17:15

La extraña y perversa lógica uribista


No hay duda de que el hombre sigue teniendo un enorme poder e influencia en la política nacional, capaz no solo de hacer trizas los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, sino también de infiltrar las instituciones del Estado y desafiar las decisiones del máximo tribunal de justicia cuando un fallo de este no le gusta.

Suponer es un verbo transitivo cuyo significado, en su primera acepción, es definido como “considerar una cosa verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener certeza completa de ella”. Un antiguo profesor de español y literatura del colegio La Salle de Cartagena, solía decir que esa palabra encerraba una pesada carga de imaginación, algo así como un iceberg del cual solo alcanzamos a ver la puntica, pues el resto hay que imaginárselo. La literatura es imaginación en dos aspectos: los hechos recreados por el escritor y los mismos hechos reinventados por el lector.

Supongamos entonces (aquí el significado de la palabra está más cercano a la imaginación, por lo que debí escribir “imaginémonos entonces”) que un día llega un señor de Israel, un excoronel del Ejército de ese país (un mercenario, según los diarios), contratado por un grupo de hacendados colombianos para entrenar en la defensa de contrainsurgencia a unos campesinos que están siendo secuestrados y extorsionados por la guerrilla. 

El excoronel les enseña de todo: cómo disparar, cómo lanzar granadas de fragmentación, cómo preparar emboscadas y cómo dar golpes de mano, entre otras tácticas de combate. Pero como preparar y armar civiles para la guerra no está en la Constitución, pues el monopolio de las armas debe estar en manos del Estado, todo el entramado creado para la defensa de los hacendados contra la guerrilla es ilegal bajo la luz de las leyes colombianas.

Más tarde, cuando el ejército entrenado por el excoronel se transformó en las Autodefensa Unidas de Colombia, este entra, necesariamente, en el abanico de la justicia, que, en cumplimiento de su deber constitucional, expide una tarjeta roja de la Interpol en su contra. El excoronel, por supuesto, huye. Luego, desde la clandestinidad, asegura para un medio de comunicación que el hacendado que lo contrató, por intermedio de otros hacendados, se convirtió en 2002 en presidente de Colombia. “Fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez quien me contrató por intermedio de un grupo de personas cercanas a él”, afirmó. Así mismo, dijo que ingresó al país con todas las credenciales y que fue recibido por personal autorizado tanto del DAS como del Ejército. 

Imaginemos entonces que ese señor que menciona el mercenario israelí no es Uribe, es más, imaginemos que el exmilitar miente con el único propósito de manchar el buen nombre de una persona pulcra, y ese personal que asegura lo recibió en el aeropuerto internacional El Dorado y más tarde en una gran hacienda no eran miembros ni del DAS ni del Ejército colombiano, sino unos tipos disfrazados para la ocasión.

Como estamos en el ejercicio de imaginar y suponer, supongamos entonces que el exmandatario del que hace referencia el excoronel es inocente de todo de lo que se le señala: no sabía que en una enorme hacienda de Antioquia (quizá Urabá) se estaba llevando a cabo semejante ejercicio ilegal que él reprocharía. El resultado de ese entrenamiento militar a grupos de campesinos quedó reflejado en un sinnúmero de masacres de trabajadores rurales, sindicalistas y maestros de escuelas a lo largo y ancho de la geografía nacional. Curiosamente, cada vez que había un avance de los campesinos armados, testigos decían haber vista primero columnas de soldados del Ejército colombiano marchando, abriéndoles el camino a los campesinos armados para que llevaran a cabo su misión sangrienta. 

Un general en particular, comandante de la Brigada 17, con sede en la zona del río Cacarica, al noroccidente del país, fue destituido en 1999 por el entonces presidente Andrés Pastrana Arango. Las razones estaban, desde hacía varios años, en boca de medio país, pero el gobernador de Antioquia (1995-1997), que luego sería presidente de la república, no sabía nada de que ese general era el abanderado de realizar, en colaboración con un numeroso grupo de sus oficiales y soldados, verdaderos hechos de terror.

Estos hechos fueron consignados en varios informes elaborados por Human Rigths Watch, en los que se alcanzan a ver los resultados de la barbarie desplegada en suelo colombiano: una larga cadena de masacres en las que se destacaban las de Segovia, Mapiripán, El Aro y La Gabarra, entendidas apenas como la punta de un gigantesco iceberg.

Supongamos otra vez que el entonces gobernador no sabía nada de lo que ocurría en el departamento bajo su jurisdicción, que el general en mención le ocultaba todo, aun cuando el mandatario departamental se daba sus paseos por la Brigada 17, que según el coronel Vásquez Romero eran regulares, y que todos esos muertos que bajaban por los ríos eran, en realidad, guerrilleros heridos que luego morían cuando intentaban cruzar el cauce. 
Lo anterior, dentro de la lógica de la distorsión, podría explicar por qué el gobernador, un día, en una ostentosa reunión en la brigada en mención, le otorgó una medalla al mérito al oficial y le dio el rimbombante, pero efectivo título de ‘El Pacificador de Urabá’. Podría explicar también la inocencia del expresidente ante todos aquellos hechos delictivos de los que se le señala, pero dejaría claro su profunda bobera, la misma que manifestó, siendo ya presidente, ante el inmolado alcalde del municipio de El Robles, Eudaldo León Díaz Salgado, quien le informó en un consejo comunitario en Corozal, Sucre, que el gobernador Arana, que estaba sentado a la derecha del entonces mandatario, lo iba a matar.

Esa bobera replicante la puso en marcha cuando un delincuente que fungía de oficial de Policía, pero que además era su jefe de seguridad, tenía lazos comunicantes con los miembros de los carteles de la droga del país, y que hoy, después de un corto juicio en suelo gringo, paga una significativa condena intramural. La misma bobera que salió a flote cuando un narcotraficante y sicario de baja ralea de Medellín, llegó de manera misteriosa a la Casa de Nariño y tomó asiento en el salón oval. El entonces presidente no se enteró, a pesar de que, durante sus ocho años de gobierno, nada se movió entre esas cuatro paredes sin su visto bueno.

Esa bobera se puso de manifiesto igualmente cuando un buen muchacho que dirigía el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, organizó el asesinato del profesor e investigador universitario Alfredo Correa de Andreis, y se repitió cuando otro buen muchacho (hoy detenido en una cárcel de Miami, a la espera de su extradición a Colombia) se inventó un programa que tenía como único objetivo real pagar los favoreces políticos y económicos que llevaron a su jefe a ocupar el cargo más importante de la Nación.

Hoy, a ocho años de haber abandonado el palacio de gobierno, los mismos señalamientos, pero sazonados con otros hechos, muestran que el hombre sigue teniendo un enorme poder y una enorme influencia en la política nacional, capaz no solo de hacer trizas los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, sino también de infiltrar las instituciones del Estado y desafiar las decisiones del máximo tribunal de justicia cuando un fallo de este le es adverso. Fabricar testigos, como lo dejó ver el fallo de la corte, no solo nos habla de la capacidad de este señor para salirse con la suya cuando lo desea, sino también la de meterle miedo a unos sanguinarios y despiadados exparamilitares como don Berna y Mancuso, hasta el punto de hacerlos retractarse de sus declaraciones ante la justicia.

Twitter: @joaquinroblesza
E-mail: robleszabala@gmail.com

miércoles, 26 de enero de 2011

2010 Jun 01 /... juicio a Rito Alejo Del Río



Autor                         : 
Medio                         : http://www.verdadabierta.com 
Fuente / Enlace:          :
Título                          : Lo que está en juego en el juicio a Rito Alejo Del Río
Fecha de publicación    : Martes, 01 de Junio de 2010
Materia                       : Colombia, Derechos Humanos
Colección / Serie         : Parapolítica - Nacional
Otros datos                 : Zona geográfica / Fecha de los hechos.

Lo que está en juego en el juicio a Rito Alejo Del Río 

El juicio al ex comandante de la XVII Brigada de Urabá entre los años 1995 y 1997 podría develar cómo fueron las alianzas tejidas entre las Autodefensas y miembros de la Fuerza Pública para "pacificar" esta región agroindustrial de Antioquia. 

El ex general Rito Alejo Del Río redujo a un complot las acusaciones en su contra por la muerte del campesino Marino López Mena, ocurrida el 24 de febrero de 1997 en el caserío de Bijao, en el Chocó, e indicó que varias organizaciones no gubernamentales se habían orquestado para desprestigiarlo a él y al presidente Álvaro Uribe Vélez.  
El pronunciamiento del ex comandante de la XVII Brigada del Ejército entre los años 1995 y 1997 fue escuchado durante el primer día de audiencia adelantado en el Juzgado Octavo Especializado de Bogotá, donde se le procesa por el crimen de López Mena, perpetrado por combatientes del Frente Arlex Hurtado de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) en desarrollo de la Operación Cacarica, que consistía en tomarse el Atrato Medio, para lo cual se coordinaron con el Ejército que, a su vez, ejecutaba la Operación Génesis.
El ex militar aseguró en su defensa que nunca conoció sobre la presencia de grupos paramilitares en Urabá y manifestó que supo de la presencia de esos grupos a nivel nacional, pero nunca información concreta sobre acciones de estos grupos en la zona de Urabá. “Para esa época sabíamos de las Autodefensas de Córdoba… algunos de estos grupos estaban bien encubiertos en las diferentes zonas del país”.  
Rito Alejo Del Río, quien ha sido llamado por diversos sectores sociales y políticos como “el Pacificador de Urabá”, se encuentra detenido desde el 5 de septiembre de 2008 y ha sido señalado de ser presuntamente uno de los apoyos más importantes del paramilitarismo en la región de Urabá desde la comandancia de la Brigada XVII del Ejército entre los años 1995 y 1997, acusación que el ex militar niega reiteradamente.
No obstante, en varias audiencias de versión libre rendidas ante fiscales de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, el ex jefe paramilitar Fredy Rendón Herrera, alias ‘el Alemán’, ha insistido en explicar que antes de iniciarse las operaciones Génesis y Cacarica, se reunió personalmente con él en la sede de la Brigada XVII, en Carepa, Antioquia, para coordinar las acciones.


“Rodrigo Doblecero, Elmer Cárdenas, Carlos Correa y yo nos reunimos con el general Rito Alejo Del Río para coordinar la operación Cacarica realizada en febrero de 1997”, ha dicho ‘el Alemán’ en repetidas ocasiones y también ha explicado que fue Mauricio García Fernández, alias ‘Rodrigo Doblecero’, el encargado de coordinar la reunión con el ex militar.
“Yo fui a la brigada desde Necoclí, acompañado de Rodrigo Doblecero. Allí conocí al general Rito Alejo por primera vez. A la brigada nos entró un señor que le decían ‘el flaco’. Después de ese empalme Julio César Arce Graciano, alias ‘Zetace’, fue encargado de las coordinaciones con el General y todos los coroneles”, aclaró Rendón Herrera.
Otro punto en discusión es la participación de los paramilitares en la ejecución de la Operación Génesis, que derivó presuntamente en el homicidio del López Mena y por el cual está siendo procesado este ex oficial. 


Según el General, la operación, ejecutada entre  el 24 y el 27 de febrero de 1997, tuvo como objetivo rescatar a 10 infantes de Marina secuestrados por la guerrilla un mes antes. “La operación nunca contó con la participación de miembros de autodefensa”, señaló Del Río.
Esa versión riñe con lo confesado por los paramilitares a finales del año pasado y en abril de este año. “La operación Génesis la desarrolló el Ejército con nuestra colaboración, pero nosotros desarrollamos nuestra propia operación, que llamamos Cacarica”, indicó Rendón Herrera. En ella participó un comando de 60 hombres de los frentes Chocó, comandando por Elmer Cárdenas, y el Arlex Hurtado, cuyo jefe era el empresario bananero Raúl Hasbún.
De acuerdo con lo dicho por alias ‘el Alemán’ y alias ‘Zetace’, por orden de Carlos Castaño, los jefes del frente Chocó de las ACCU debían disponer de doce de sus hombres para que se integraran a las fuerzas especiales del Ejército que adelantarían la Operación Génesis en un amplio territorio del departamento del Chocó contra el Frente 57 de las Farc.
Según el ex jefe paramilitar, la necesidad de los guías fue expresada durante una reunión realizada entre el entonces Jefe de Inteligencia de la Brigada XVII, coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo, y los paramilitares Carlos Ardila, alias ‘Carlos Correa’, Élmer Cárdenas y él. En ese encuentro, el oficial les explicó detalles de la operación que se realizaría por tierra y aire, con la participación de los batallones Fuerzas Especiales 1 y Contraguerrillas 35, contra facciones de las Farc asentadas en los caños Salaquí, Cacarica y Truandó.
La misión de reclutar los guías le fue encomendada a alias ‘Zetace’, quien seleccionó once  experimentados hombres, varios de ellos ex guerrilleros, se presentó a la sede de la Brigada XVII y se puso a las órdenes del coronel Plazas Acevedo. Todos ellos fueron incluidos en los equipos de militares que fueron transportados en helicóptero hasta la zona del Salaquí el 24 de febrero de 1997. Cuatro días después regresaron a la guarnición militar junto con la tropa.
A su vez, el pasado 29 de abril, el ex paramilitar William Soto, explicó en versión libre ante Justicia y Paz que una vez iniciada la Operación Cacarica, cuya primera fase era llegar a la Loma de Cacarica por vía fluvial, recibió por radio teléfono la orden del comandante Elmer Cárdenas de detenerse en un sitio conocido como Sautatá y esperara apoyo aéreo.
“Al rato pasó un helicóptero y ametralló buena parte de la Loma de Cacarica, donde habían varios guerrilleros de las Farc. Pasaron quince minutos, luego vimos que el helicóptero se devolvió y entonces avanzamos hacia ese lugar”, narró Soto, quien agregó que horas más tarde recibió la orden de pasarse a otra frecuencia radial para que pudiera comunicarse con las tropas de las Fuerzas Especiales 1 y Contraguerrillas 35 para coordinar algunos desplazamientos.
Ante el Juez Octavo Especializado, el ex militar insistió en negar cualquier vínculo con grupos paramilitares que operaron en la región de Urabá, y calificó como “complot” las declaraciones que ex jefes paramilitares han dado en su contra ante la justicia. 
Según este ex oficial, los testimonios de los paramilitares y otros testigos han sido “presionados” desde diversas organizaciones no gubernamentales que buscan salpicarlo a él y al Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, puesto que para la fecha de los hechos, Del Río se desempeñaba como comandante de la Brigada XVII y Uribe Vélez como Gobernador de Antioquia.
Tanto el ex oficial como Uribe Vélez han tenido una larga relación de afectos, cuya expresión más significativa se dio el 29 de abril de 1999 en el Hotel Tequendama de Bogotá en la que participaron cerca de 1.500 personas, cuando se le rindió a Del Río un homenaje en respuesta a su destitución por decisión del entonces presidente Andrés Pastrana. El ex oficial fue llamado a calificar servicios cuando se desempeñaba como comandante de la Brigada XIII de Bogotá, a donde fue trasladado desde el 16 de diciembre de 1997 justamente como premio a sus labores en Urabá.
Durante el homenaje, el entonces ex Gobernador de Antioquia sostuvo que “nadie mejor que el general del Río comprendió que a Urabá había llegado la hora de la paz, el Estado, la Ciudadanía, y a fe que avanzó notablemente”; recordó que al intervenir en la subregión del Urabá como gobernador de Antioquia, “en todas partes estaba presente el acompañamiento discreto y eficaz del General”; y por último lo calificó como “un buen ejemplo para los soldados y policías de Colombia”.
Para el ex General, las declaraciones de los paramilitares también son consecuencia de sus operaciones en el pasado contra el narcotráfico. “Durante mi carrera he combatido todas las expresiones violentas que se han manifestado, sean guerrilleros o paramilitares”, aclaró el ex militar.
“Las declaraciones de los paramilitares están desinformando al país…la presión de las ONG y de los entes investigativos, y tras las negativas de extradición, han llevado a que estas personas empiecen a mencionar nombres… uno ve como les pagaron para que inculparan a gente de bien”, señaló Del Río.
Del Río aseguró que nunca supo sobre la presencia del Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en Urabá. Para el General, ese bloque se conformó hacia diciembre de 1997, fecha en la que murió Elmer Cárdenas, y que coincidió con su salida de la zona. “Sobre ‘El Alemán’ vine a saber que existía muchos después”.
Pero ese argumento no coincide con el expuesto recientemente por alias ‘el Alemán’ ante los fiscales de Justicia y Paz, quien reconoció que entre él y el ex oficial había aprecio mutuo. “Yo le aprendí a apreciar y creo que me apreciaba este señor”.

Según el ex paramilitar, ese aprecio lo llevó a comunicarse a través de un intermediario con el ex general Rito Alejo del Río para decirle que había llegado la hora de decir la verdad y de precisar las relaciones que los paramilitares tuvieron en la región de Urabá con distintos sectores sociales, políticos y militares en el tiempo en el que éste fue comandante de la XVII Brigada.

“Me parece, General, que ya es tiempo de que usted diga la verdad. En un acto de franqueza y de amistad con usted General, le mando decir que ya no hay cómo seguir callando una verdad que es conocida a pedazos”, sostuvo ‘el Alemán’ en el mensaje enviado al ex general a través de un emisario de quien no precisó su nombre por razones de seguridad ni la fecha de la gestión.
De acuerdo con lo relatado por el ex paramilitar, en el mensaje enviado al ex general destacó las bondades de la Ley 975, conocida como de Justicia y Paz, y la calificó de “perfecta”, pero agregó que estaba llegando a un estado en el que se tendrán que decantar las relaciones que tuvieron los grupos paramilitares que operaron en el Urabá antioqueño con funcionarios de la Fuerza Pública, así como con sectores sociales, políticos y empresariales.
En el cruce de mensajes y de acuerdo con lo relatado por alias ‘el Alemán’, al parecer este ex oficial del Ejército le comunicó que seguramente a él también le iba a tocar decir la verdad, a lo que el ex paramilitar reaccionó celebrando la decisión y se mostró esperanzado en que así fuera, “en aras de que el país conozca la verdad”.
Sin embargo, lo dicho por el ex general Rito Alejo Del Río en Bogotá contradice esa versión y, por el contrario, rebate toda relación con los grupos paramilitares. La justicia tendrá la última palabra. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

1996 May 31 / Nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras' Parapolítica - Nacional



Autor                           : Coronel Velásquez
Medio                           :  http://www.verdadabierta.com
Fuente                          : 
Enlace                           :
Título                        : El informe que advirtió de los nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras'
Fecha de publicación      :  
Materia                         : Colombia, Derechos Humanos
Colección / Serie           : Parapolítica - Nacional
Zona geográfica            : Colombia, Antioquia, Chocó, Urabá, frontera con Panamá, 
Fecha de los hechos       : 31 de mayo de 1996
Entidades y personas mencionadas: Ejército de Colombia, Brigada XVI, 


[Con este enlace se puede descargar el informe completo del Coronel Velásquez]

El informe que advirtió de los nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras'

Un informe elaborado por uno de los subalternos del general (r) Rito Alejo del Río, revela como el militar evitó perseguir a los paramilitares cuando fue comandante de la Brigada XVII en Urabá y además que el comando general de las Fuerzas Militares había sido advertido sobre los nexos del oficial con las Auc.

El ex coronel del Ejército Carlos Alfonso Velásquez reveló un informe fechado el 31 de mayo de 1996 en el que advirtió al entonces comandante de las Fuerzas Militares, Harold Bedoya, de los posibles nexos del general Del Río con grupos paramilitares en el Urabá antioqueño y chocoano. El ex oficial dijo que el envío de esta comunicación le significó haber sido retirado de su cargo y su salida del Ejército.